Mi hija me ha regalado el nuevo disco de Ojos de Brujo, sabe cuánto me gustan.
Pero el regalo más valioso es que ella se apoya en mí y me pide, reconociéndome así como padre.
Gracias Janderita.
(Un día aprenderé y colgaré aquí un tema del disco)
jueves, 19 de marzo de 2009
ESCUELAS DE PADRES YA!
Día del padre, no tengo padre.
Murió hace tiempo, yo tenía 25 años.
Fué un buen hombre para mí, pero no recuerdo haber tenido ningún padre.
Murió hace tiempo, yo tenía 25 años.
Fué un buen hombre para mí, pero no recuerdo haber tenido ningún padre.
lunes, 16 de marzo de 2009
NI PALABRAS, NI CARICIAS
Cuando estoy mal no me dejo consolar.
Me callo, morrudo, y marco distancias. Quiero estar sólo, aunque no sé para qué, es una vieja costumbre, y luego necesito un tiempo para salir de eso.
El espíritu santo, vuelto del revés, baja sobre mí y me apaga las luces.
En esos momentos tengo la convicción de que nadie me quiere, y de que ni las palabras ni las caricias de nadie pueden llegar a tocarme de veras.
Aún así, por favor, no te vayas.
Me callo, morrudo, y marco distancias. Quiero estar sólo, aunque no sé para qué, es una vieja costumbre, y luego necesito un tiempo para salir de eso.
El espíritu santo, vuelto del revés, baja sobre mí y me apaga las luces.
En esos momentos tengo la convicción de que nadie me quiere, y de que ni las palabras ni las caricias de nadie pueden llegar a tocarme de veras.
Aún así, por favor, no te vayas.
lunes, 9 de marzo de 2009
UN EURO
Un hombre borracho, llorando, se me acercó esta tarde y me pidió un euro.
Me vino un ataque de piedad y le dí los dos billetes de 20 que llevaba encima.
Me los tiró a la cara y me mandó a la mierda.
Me vino un ataque de piedad y le dí los dos billetes de 20 que llevaba encima.
Me los tiró a la cara y me mandó a la mierda.
sábado, 7 de marzo de 2009
TRES ENCUENTROS
Normalmente le doy largas a la tristeza, no es una visita agradable y si no insiste no le abro.
Cuando la conocí por primera vez me cogió en pañales y me quedé hecho polvo. No usó simbolismos, fué muy cruda y tajante. Se acabó la teta. Supongo que a partir de ahí ya no quise verla ni en pintura.
Nuestro segundo encuentro fué de adolescente. Me pilló distraído y me entró por el pecho, como un alien. Mis padres habían salido y me quedé sólo en casa. Casi sin darme cuenta me puse a llorar a moco tendido, sin consuelo. Entre lágrimas me pasó mi película:
Hay fiesta y me acerco. Las parejas bailan y sé que eso es la felicidad. Pero me quedo al margen, no me veo con posibilidades.
Yo ya era un hombrecito y aguanté el tirón, son cosas que pasan, me dije, olvídalo.
Años después volvió a visitarme. Mi pareja y yo hablando en la cama. Le digo que llevo unos días algo bajo, sin acabar de saber porqué. Noté cómo acudía para darme el llanto, aquél mismo llanto. Me sentí muy sólo, una soledad de siempre, antes y más allá de mi mujer, que me abrazaba.
Y ví que mi mejor opción era hacerme cargo de ese vacío.
Me ha ido bien. Voy confiando, atreviéndome y participando cada vez más de la fiesta. En cuanto a la tristeza, nos vamos poniendo de acuerdo. Ella no viene si no es imprescindible, y cuando viene yo la tomo en serio.
Cuando la conocí por primera vez me cogió en pañales y me quedé hecho polvo. No usó simbolismos, fué muy cruda y tajante. Se acabó la teta. Supongo que a partir de ahí ya no quise verla ni en pintura.
Nuestro segundo encuentro fué de adolescente. Me pilló distraído y me entró por el pecho, como un alien. Mis padres habían salido y me quedé sólo en casa. Casi sin darme cuenta me puse a llorar a moco tendido, sin consuelo. Entre lágrimas me pasó mi película:
Hay fiesta y me acerco. Las parejas bailan y sé que eso es la felicidad. Pero me quedo al margen, no me veo con posibilidades.
Yo ya era un hombrecito y aguanté el tirón, son cosas que pasan, me dije, olvídalo.
Años después volvió a visitarme. Mi pareja y yo hablando en la cama. Le digo que llevo unos días algo bajo, sin acabar de saber porqué. Noté cómo acudía para darme el llanto, aquél mismo llanto. Me sentí muy sólo, una soledad de siempre, antes y más allá de mi mujer, que me abrazaba.
Y ví que mi mejor opción era hacerme cargo de ese vacío.
Me ha ido bien. Voy confiando, atreviéndome y participando cada vez más de la fiesta. En cuanto a la tristeza, nos vamos poniendo de acuerdo. Ella no viene si no es imprescindible, y cuando viene yo la tomo en serio.
miércoles, 4 de marzo de 2009
domingo, 1 de marzo de 2009
TOROS Y NAVAJAS
Anoche tuve un sueño que me ha removido. El tema de los toros evoluciona. Ahora es más feo.
Mi pareja y yo en una fiesta popular. Las calles llenas de gente. Ella tiene miedo de acercarse al encierro, pero la animo y acepta. Subidos en una valla vemos la carreras de la gente delante de los animales. No hay cogidas ni drama, todo es fiesta.
Entonces veo un toro de pelo completamente blanco, largo y mullido como el de un cordero. Va caminando tranquilo entre la multitud. Se deja tocar por la gente, pero todos saben que puede matar.
Se acerca hacia mí, mirándome. Veo que tiene cara de mujer, de una inmensa belleza élfica. Me siento incómodo y nos vamos de allí.
Caminamos de nuevo entre la gente y se nos cruza un tío grande y fuerte, de aspecto pendenciero. Lleva en la mano derecha un cuchillo de mesa antiguo, completamente oxidado. Se fija en mi chica y le acaricia el culo con la hoja plana del cuchillo.
He de apartarlo de ella, pero me viene un flash de imágenes en que él me pega un navajazo en el vientre. Me paralizo de miedo. Salvo la vida pero me quedo congelado.
En la siguiente escena un corro de gente nos mira. El tío está parado frente a mi, con dos o tres amigos de su calaña. La tienen a ella. Yo estoy frío y mudo, apenas tengo ánimo para mantenerme en pie. Estiro la mano hacia ella, que viene conmigo, y nos vamos.
Volvemos a casa destrozados. En medio de la calle, ahora vacía de gente, estallo de rabia, maldiciéndome mil veces, ahogado por la vergüenza, y aquí me despierto.
Mi pareja y yo en una fiesta popular. Las calles llenas de gente. Ella tiene miedo de acercarse al encierro, pero la animo y acepta. Subidos en una valla vemos la carreras de la gente delante de los animales. No hay cogidas ni drama, todo es fiesta.
Entonces veo un toro de pelo completamente blanco, largo y mullido como el de un cordero. Va caminando tranquilo entre la multitud. Se deja tocar por la gente, pero todos saben que puede matar.
Se acerca hacia mí, mirándome. Veo que tiene cara de mujer, de una inmensa belleza élfica. Me siento incómodo y nos vamos de allí.
Caminamos de nuevo entre la gente y se nos cruza un tío grande y fuerte, de aspecto pendenciero. Lleva en la mano derecha un cuchillo de mesa antiguo, completamente oxidado. Se fija en mi chica y le acaricia el culo con la hoja plana del cuchillo.
He de apartarlo de ella, pero me viene un flash de imágenes en que él me pega un navajazo en el vientre. Me paralizo de miedo. Salvo la vida pero me quedo congelado.
En la siguiente escena un corro de gente nos mira. El tío está parado frente a mi, con dos o tres amigos de su calaña. La tienen a ella. Yo estoy frío y mudo, apenas tengo ánimo para mantenerme en pie. Estiro la mano hacia ella, que viene conmigo, y nos vamos.
Volvemos a casa destrozados. En medio de la calle, ahora vacía de gente, estallo de rabia, maldiciéndome mil veces, ahogado por la vergüenza, y aquí me despierto.
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